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VER PARA CREER O CREER PARA VER

 

Por: Enrique G. Herrscher

 

 

No me siento calificado en absoluto para intervenir en una reunión de epistemólogos. Hay, no obstante, una cuestión que desde los inicios viene preocupando a los sistémicos, y que me gustaría compartir, no tanto para plantear la respuesta sino la pregunta, ya que el hábito de plantear más preguntas que respuestas es común a ambas disciplinas.

 

¿Es el sistema – cualquier sistema – “algo que existe” o es el producto de nuestra percepción, más precisamente de nuestra “precepción”, de nuestra forma de mirar un aspecto de la realidad? ¿Tiene un sistema de por sí características que lo “hacen” sistema, independientemente de que nosotros percibamos esas características, o lo “hacemos” sistema nosotros al considerarlo como tal?

 

Este trabajo intenta ser un modesto aporte para clarificar tal cuestión. Postula que es lo segundo pero que, en la práctica, nos sentimos cómodos utilizando el lenguaje “como si fuera” lo primero.

 

Decimos “los sistemas son” así y asá, cuando en rigor debiéramos decir “a tal conjunto, tal organización, tal agrupamiento de cosas, relaciones y/o conceptos lo estoy ‘viendo’ como un sistema”. O sea que debajo del “es” está “lo trataré de”. O sea, “decido” tratarlo como sistema, parte de otro sistema más grande o – casi siempre – de varios, y compuesto a la vez por subsistemas, integrados a su turno por sub-sub-sistemas y así sucesivamente.

 

En realidad es una pregunta dividida en dos partes: ¿por qué “pensamos en forma constructivista” pero “hablamos en forma positivista”? 

 

Para mí está claro que, como dice Heinz von Foerster, el sistema está definido por el observador y no por lo observado. De alguna manera “construimos” la realidad cuando la observamos, la interpretamos y tratamos de entenderla. Esto nos hace (nos debiera hacer) más modestos, más tolerantes, menos absolutos: no somos “dueños” de la verdad, la verdad (del sistema) no está “ahí afuera”, disponible para y “propiedad” del primero que la “agarre”. Otro puede estar viendo lo que nosotros vemos pero desde un ángulo distinto, con un punto de vista diferente, está viendo “otro sistema”.

 

Sin embargo, esto no implica – para mí – que “allí afuera no haya nada”, que toda realidad sea “fabricada” por nosotros,  producto de nuestra observación. Entiendo que el enfoque sistémico no entra en ese tema ontológico. Se limita a considerar que “la calidad de sistema” se la damos nosotros, es producto de nuestra mirada. Es como cuando “enfocamos” la lente de nuestra máquina fotográfica: de pronto “vemos” vínculos, interrelaciones, circuitos causales, realimentaciones, la tensión entre las partes y el todo, que antes no veíamos.

 

Ello no obstante, nos “simplificamos la vida” – estimo que no es más que eso – cuando decimos “si tiene tales y tales características ‘es’ un sistema”. Cualquiera podría espetarnos “¿en qué quedamos?” y tendría razón. Por eso los digo a mis amigos epistemólogos que nos disculpen  si nos oyen decir que algo “es” un sistema: queremos decir que lo estamos viendo, analizando, tratando como sistema. Y usamos el “es” como abreviatura.

 

 

 


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