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UNIDOS PERO SEPARADOS: CLAVE DE LA SISTÉMICA


Por: Dr. Enrique G. Herrscher


Ante todo algunas precisiones. ¿será así, “unidos pero separados” o bien “separados pero unidos”? ¿Queremos decir algo con esto, o es un mero juego de palabras?

Queremos afirmar dos cosas, y ambas están abiertas a controversia. Por un lado, que dos afirmaciones contrarias pueden convivir, no tienen por qué ser excluyentes. Por otro lado, que cuando dos afirmaciones contrarias coexisten, una de ellas suele ser la que prima.

Tomemos por ejemplo, desde el fondo de nuestra historia, las “Provincias Unidas del Sur”, preexistentes a la Nación según reza nuestra Constitución. Qué bueno que haya, por caso, una cultura tucumana, con su tonada, sus tradiciones, sus zambas y manjares. Muy parecidos, aunque algo distintos, de los de la cercana Santiago del Estero . Y bastante más diferentes de la lejana cultura chubutense, tributaria a su vez de culturas tehuelches, mapuches, galesas, italianas y criollas. Que 23 culturas provincianas, con más la del puerto de Buenos Aires (aún con su pretendida preeminencia) se pudieran percibir como conformando una cultura nacional fue un trabajoso proceso socio-político, logrado porque las ventajas de “vivir unidos” fueron superiores a las ventajas de “vivir separados”.

Llamemos a aquellas “las ventajas de pertenecer” y a éstas “las ansias de identidad”. Que no se excluyen: la Nación funciona en un delicado equilibrio entre identidad de las partes y pertenencia a un todo.

Ese delicado equilibrio es el que caracteriza a todos los sistemas sociales, no tan solo a los países y sus jurisdicciones. Siguiendo con divisiones políticas, podemos subir un nivel (piénsese en lo dificultoso de mantener la cohesión de la Unión Europea) o bajar un nivel (la tensión que puede haber, digamos, entre Añatuya y Tucumán capital). Pero lo mismo puede ocurrir en una empresa, donde la descentralización brinda importantes ventajas así como importantes tensiones. ¡Hasta el punto que ciertas subsidiarias de multinacionales semejan provincias! Ni que hablar de las empresas de familia, cualquiera sea su tamaño, en las que suele reproducirse la tradicional tensión entre “independencia” y “pertenecer” típico de ese ámbito socio – económico - político que es en muchos casos la familia.

Esta es la gran diferencia entre sistemas sociales y sistemas vivientes. Un animal, una planta, nuestro cuerpo, funcionan distinto. Nuestro corazón, riñones, pulmones, etc. trabajan en armonía, no compiten, no tienen voluntad propia. Si alguno no encaja en el sistema del cual es parte, corremos al médico . Pero si quisiéramos aplicar esa armonía absoluta a un sistema social, ¿dónde estaríamos? En la dictadura. Aquel “delicado equilibrio” que decíamos, incorpora la diversidad y el conflicto, para cuya resolución muchas veces debemos subir un nivel si realmente nos importa el “todo”.

¿Y qué hay con las ideologías , los sistemas de ideas en pos de determinada visión socio-política-económica del mundo? En este caso se da muchas veces al mismo tiempo lo mismo y lo contrario de aquella armonía a ultranza de los órganos de nuestro cuerpo u otros elementos de la naturaleza: las ideologías, hacia adentro, suelen ser monolíticas (o intentan serlo), mientras hacia fuera tienden a la separación, a lo excluyente, “nosotros o muerte”. Sin embargo, no tiene por qué ser así: muchos conflictos violentos (muchas muertes) se evitarían si, como ideólogos, aprendiéramos a “escuchar al otro” y a reconocer que no tenemos “toda” la razón. Una cosa es sostener con pasión las ideas de uno, y otra es dividir el mundo en seguidores y enemigos.

Quizás esté aquí la mayor contribución que puede aportar el enfoque sistémico aquí desarrollado en pos de la convivencia humana. En esta época de exacerbación de las diferencias, será cada vez más importante plantear que también las ideas pueden coexistir en delicado equilibrio, separadas pero a la vez unidas.



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