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Pensar los contextos, narrar la complejidad

 

Enrique G. Herrscher

 

 

Esta entrevista realizada por la Dirección Editorial de 80/20 a Enrique G. Herrscher durante septiembre de 2005, contiene elementos de análisis indispensables para las disciplinas empresariales y ambientales. Enrique G. Herrscher es Presidente (2004-2005) de la International Society for the Systems Sciences, entidad decana del pensamiento sistémico en el mundo. Es titular de CAPSIS, Centro para la Acción y Pensamiento Sistémicos, que representa en Argentina a INTERACT, entidad internacional fundada por Russell Ackoff. Fue Director Financiero y Director de Planeamiento de Cia. Standard Electric Argentina SAIC, Fulbright Professor in Residence en California State University Sacramento, Profesor visitante en University San Diego (ambas de EE.UU.) y Decano de la Escuela Superior de Administración de IDEA, Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina. Profesor honorario de la Universidad de Buenos Aires, fue y es docente de universidades públicas y privadas, y es autor de numerosos artículos y ocho libros, entre ellos, Introducción a la Administración de Empresas: guía para exploradores de la complejidad organizacional, y  Pensamiento Sistémico: caminar el cambio o cambiar el camino, ambos publicados por Ediciones Granica, Buenos Aires, 2000 y 2003.

 

 

Ud. afirma que en la raíz del pensamiento sistémico está la facultad de elección. ¿En qué sentido es conveniente el enfoque de sistemas para una toma de decisiones en la empresa?

 

E.G.H. En realidad, al tomar una decisión, en la mayoría de las veces son varias las decisiones en juego: la de hacer (o evitar) algo, y al mismo tiempo la de no hacer esto, aquello o lo de más allá. Cuando estas diversas decisiones se refieren a cuestiones complejas, resulta útil pedirle prestado al enfoque sistémico la costumbre de “mirar más lejos”: hacia delante (consecuencias de consecuencias de consecuencias), hacia atrás (causas de causas de causas), hacia el costado (efectos colaterales, muchas veces imprevistos) y sobre todo hacia las realimentaciones entre todos ellos.

Es posible que tras todo esto volvamos a la decisión que pensábamos tomar de inicio, pero advertidos del cuidado que debemos tener para que la solución de hoy no sea el problema de mañana. Otras veces, comprender mejor la dinámica del sistema en cuestión, tal vez nos haga rever aquella postura inicial y revalorizar una de las alternativas que habíamos descartado. Tan frecuente resulta ser este caso que se ha planteado, como que una de las características del pensamiento sistémico es la de ser contraintuitivo. En lo complejo, lo obvio puede ser la trampa.

 

En un famoso juego de palabras, Edgar Morin asoció todo “diseño” de teorías a un “designio” de la complejidad, en el sentido de propósito último de la realidad. Ud. agregó a la intención y al método que todo diseño supone un “proceso de construcción de consenso”, tal como su maestro Gharajedaghi descubrió se daba en la nación indígena de los Oneida. ¿Podría explicar cómo puede darse esta construcción en el ámbito de las organizaciones?

E.G.H. Más que de “construcción de consenso” hablaría de “construcción consensuada de un futuro” (o del objetivo que sea). Parece un distingo formal, pero creo que la primera expresión puede dar una falsa idea de manipulación de opiniones para lograr la unidad. En cambio la segunda expresión enfoca, no al consenso, sino a dónde se quiere llegar con él. Aún así, esta búsqueda no es nada fácil. La clave está en “hablar las cosas”, en escuchar al otro, en el diálogo, en explorar el “ganar-ganar”, en buscar todas las vías posibles de “suma positiva”. Pero cuidémonos de la hipocresía: hay infinidad de situaciones de “suma cero” donde lo que uno gana otro lo pierde. Nos falta aprender mucho sobre los derechos y los límites de las minorías, sobre cómo quedan los que pierden. Son muy valiosas las nuevas prácticas de negociación, mediación y arbitraje, pero no es lo mismo enseñar a “acercar posiciones” que a “vender mejor” la propia.

 

Hace tiempo que los Anales de las Reuniones de la International Society for the Systems Sciences se refieren al enfoque sistémico de la ecología y las ciencias ambientales. ¿Qué papel juega el pensamiento sistémico en la nueva conciencia sobre los “pasivos intangibles”, por ejemplo, o sobre la Contabilidad Ambiental?

 

E.G.H. Si “todo tiene que ver con todo”, cada cosa que hagamos tiene impacto sobre esta nave espacial que habitamos y sobre cada una de sus criaturas y elementos. No es de extrañar entonces que, efectivamente, la preocupación por la ecología constituya un tema esencial y siempre vigente del enfoque sistémico. Por eso no debe llamarnos la atención  que el libro que más menciona Peter Senge en sus conferencias sobre “la 5ª disciplina” (precisamente: la sistémica) sea “Ismael”, la curiosa y absolutamente ecológica obra de Daniel Quinn.

En cuanto a la Contabilidad Ambiental, viene a cuento lo que escribimos sobre la nueva tendencia de acoplar una narrativa a un modelo, como única forma de que éste haga honor a la complejidad. La contabilidad es un excelente modelo, cuantitativo para más datos, pero por sí sola no logrará, a mi juicio, expresar enteramente la relación entre una empresa y el medio ambiente: en muchos casos habrá que “levantar la alfombra” y narrar lo que hay debajo.

 

¿En qué consistiría y cómo concibe Ud. una educación sistémica, y a qué se debe la habitual dificultad para formular adecuadamente un problema?

 

E.G.H. Me encanta que me pregunte sobre educación sistémica, pues es lo más importante de todo. Debemos distinguir “la enseñanza de sistemas” y el que “todo aprendizaje sea sistémico”. A ambas vertientes se dedica desde hace décadas entre nosotros el GESI, Grupo de Estudio de Sistemas (Asociación Argentina de Teoría General de Sistemas y Cibernética) y su fundador, Carlos François, autor de la International Encyclopedia of Systems and Cybernetics, obra monumental utilizada en todo el mundo.

La enseñanza de sistemas sería, para cualquier Universidad, la gran oportunidad para que alguna de sus Facultades trascienda la fragmentación de las disciplinas, recobre el universitas que nunca debió perderse, y responda así a los requerimientos transdisciplinarios de una sociedad cada vez más compleja. En los últimos años, desde que accedí a los cargos directivos de la International Society for the Systems Sciences (ISSS), propuse a la UBA y a otras Universidades diversas iniciativas en ese sentido. Dadas las estructuras básicamente asistémicas (y aún antisistémicas) de la mayor parte de las entidades educativas, obligadamente acostumbradas a impartir el conocimiento dividido en casilleros claramente delimitados, esto requiere un espíritu innovador que se abre camino sólo muy lentamente.

La segunda vertiente, brindar toda educación con un enfoque sistémico, está íntimamente vinculada con la primera, especialmente a través de la formación docente: familiarizarse con principios como los de la interrelación, la contextualización y la realimentación facilitará una visión más holística e integradora de la enseñanza a cualquier nivel, y promoverá el pensamiento crítico a medida que se avance en los ciclos educativos. Asimismo, sobre todo en los niveles iniciales, incrementará la interacción armónica entre los diversos actores del hecho educativo: padres, maestros, alumnos, autoridades de la escuela, autoridades del sistema formal de educación, núcleos sociales de los jóvenes, medios de comunicación (gráficos, televisivos, electrónicos) y - lo más difícil- los referentes nacionales que debieran dar el ejemplo.

Con respecto a la dificultad para formular adecuadamente los problemas, deriva a mi entender mayormente de un deficiente trabajo de análisis (el enfoque tradicional) o de síntesis (el enfoque sistémico), y creo que lo que más gravita es lo segundo. Russell Ackoff decía que estamos tan habituados al análisis, de gran éxito desde la revolución cartesiana, que para la mayoría de nosotros “analizar” y “pensar” es lo mismo. Por otra parte, y volviendo a lo de las contradicciones, en ocasiones me preocupan más los alumnos que son muy eficientes y rápidos para formular problemas que los que tienen dificultad, pues pueden estar dejando de lado variables “que molestan”. A veces es peor: se supone estar procediendo linealmente, de la formulación del problema a la solución, cuando en realidad es al revés: se tiene ya la solución (acaso nuestra “solución preferida”) y se formula el problema en esa dirección.

 

La transición del paradigma social de “comandar y controlar” o de “percibir y adaptarse”, al de “diseñar y reinventar”, ¿qué figuras o formas novedosas permitirían concretar en lo político? Por ejemplo: Ud. dirigió en UBA un proyecto de investigación sobre las “asambleas barriales” argentinas, pensadas como contrapeso a los procesos de globalización… 

 

E.G.H. Debo aclarar. En la UBA coordiné la parte “empresas” en la investigación sobre “Generación y aplicación del saber administrativo en distintos sectores” que dirigió Francisco Suárez. En cambio, el estudio sobre “Apogeo y declinación de las Asambleas Barriales” lo realicé entre 2001 y 2003 para la 47ª reunión anual de la ISSS que tuvo lugar en Grecia bajo el lema “el Ágora como contrapeso de la globalización”. El trabajo fue inspirado por las similitudes y diferencias de aquel fenómeno social mayormente porteño, con la peculiar democracia ateniense “al aire libre”. Ese estudio empalmó luego (al igual que lo ocurrido en algunas de las asambleas barriales que sobrevivieron) con la investigación que realizamos con el profesor Eugenio Zwarycz y un grupo de alumnos de nuestra cátedra de Planeamiento a Largo Plazo en la UBA, acerca del fenómeno de las “fábricas recuperadas”. Se visitaron una media docena de empresas abandonadas por sus dueños y manejadas por su personal para preservar su fuente de trabajo, y dos obreras expusieron en el aula su estilo solidario de organización de la producción, que causó admiración en los alumnos.

Trasladar lo sistémico a lo político no es fácil: suele haber demasiados intereses en juego. Lo intentó un destacado sistemista peruano, Ricardo Rodríguez Ulloa, en una “carta al presidente de un país latinoamericano” que figura en mi libro sobre Pensamiento Sistémico. Por mi parte, considero que la gran oportunidad de aplicar en la cosa pública nociones sistémicas (y por lo tanto participativas) está en el nivel municipal. Es lo que entendieron los integrantes de algunas de las pocas asambleas barriales que sobrevivieron.

 

¿Qué lo llevó a escribir su último libro, sobre Planeamiento Sistémico?

 

E.G.H. Por un lado, aplicar los conceptos sistémicos al área más crítica y llena de dudas en la conducción de organizaciones, en especial de las empresas. Por otro lado, quería consolidar en un volumen el material y los conceptos que utilizo en mis clases de la materia Planeamiento Estratégico (que debiera llamarse Planeamiento a secas, pues la parte Operativa es igualmente importante, pese a que tiene “menos prensa”). Me fue particularmente grato incorporar preguntas de alumnos, así como aportes textuales de dos de ellos.

 

Para finalizar, ¿qué rescata como lo más importante de la reunión de la International Society for the Systems Sciences que acaba de dirigir en México?

 

E.G.H. Desde ya, que una entidad que tuvo presidentes de la talla de Kenneth Boulding, Stafford Beer, Margaret Mead, Karl Deutsch o Ilya Prigogine celebre en sus 50 años de vida por 49ª vez su reunión internacional anual ya es digno de destacar. En esta ocasión, quizás por ser la primera en tener lugar en suelo latinoamericano, tuvo como nunca la participación de gran cantidad de colegas de nuestra región. Tuvo también, por primera vez de modo explícito, importante participación de jóvenes. Para mí, lo más destacable fue que se acentuó la primacía del diálogo y la discusión grupal por sobre la presentación individual de “papers”, así como los nuevos desarrollos en materia de complejidad... y los cinco días de interacción con nuestro querido maestro Russell Ackoff. /

 


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