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LA MATERIA QUE FALTA EN LA ESCUELA

 

por: Enrique G. Herrscher

 

No, no se trata de informática, ni de las culturas indígenas, ni de nanotecnología, ni del idioma chino (¡todas muy importantes!). Nos referimos al arte de la conversación. Tampoco a la charla intrascendente ni a las pavadas que suelen acompañar el café. Sino a la conversación en busca de consenso.

 

Se trata del arte (o la ciencia, o la cultura, o la disposición) de escuchar al otro, de abandonar “por un momento” la postura propia, para ver las cosas “desde la óptica del otro”. Es preguntarse, sin abandonar las convicciones de uno, “si el otro no tendrá también un poco de razón”. No es fácil. Desde una “cultura futbolística”, cuyo bien supremo es la derrota del contrario, representa un giro de 180 grados, que no puede enseñarse eficazmente ni tener una difusión masiva sino desde la escuela primaria.

 

Vengo de una reunión muy original, que desde 1980 se realiza en un pueblito en Austria. No es un congreso común: no hay discursos ni se leen “papers”. Se llama “Conversaciones de Fuschl” (el pueblito en cuestión) y lo organiza cada dos años la Federación Internacional de Investigaciones Sistémicas (IFSR), invitando cada vez un reducido grupo de estudiosos de la cibernética, la sistémica y la complejidad en los más diversos órdenes. Los temas  se relacionan con la educación, la comunicación y la problemática de la sociedad.. Durante cinco días, cuatro pequeños  grupos buscan desde temprano respuestas a ciertas preguntas clave preparadas de antemano. Por las tardes, todos se juntan y cada grupo expone a los demás los avances y se somete a las preguntas y críticas de los otros. Puede haber disensos, que casi siempre el grupo más grande ayuda a disolver. El proceso de descubrir “en  qué consistía realmente el disenso” puede llegar a ser sorprendente.

 

¿Algo que ver con conflictos aquí y ahora? Ni hace falta mencionar el llamado “conflicto del campo” para percibir la relevancia y urgencia de ocuparnos del tema. La virulencia de la conflictividad (en este y en otros órdenes) así como su persistencia en el tiempo, tienen sus raíces, a mi juicio, en fenómenos muy anteriores a la suba de las retenciones agrícolas. A la par de la mentada “cultura futbolística” se ha desarrollado en nuestro medio, desde hace unos años, lo que me aventuro en llamar “cultura piquetera”. No me refiero a que hoy, desde todos los ángulos, actividades y clases sociales, se apela a marchas, cortes de tránsito y manifestaciones más o menos violentas, sino a que muchas veces tales actos se originan porque el grupo en cuestión no logra ser escuchado. Se trata en tales casos – son muchos – de la “falta de conversación” de que estamos hablando.

 

¿Qué dice al respecto el moderno enfoque de sistemas? Tendemos a creer  que la mayoría de los conflictos son claros: una parte tiene razón y la otra no. Sin embargo, en la complejidad del mundo actual, la mayor parte de los conflictos son lo que algunos llaman “aporéticos”: hay posturas opuestas, pero ambas son legítimas, las dos partes tienen  razón. No solo eso: una depende de la otra (no puede existir sin la otra) y viceversa. El peor caso es cuando, además, falta una escala cuantitativa. Es el caso de las confrontaciones viscerales mutuas, como ésta de la cual el aumento de las retenciones agrícolas fue el disparador.

 

En esa alternativa no sirve ninguno de los cinco clásicos métodos de resolución de conflictos: no  funciona  (a) la “huida”, porque el conflicto no puede ser ignorado; ni (b) la “destrucción del contrario”, porque destruir al otro es destruirse a sí mismo; ni (c) la “sumisión”, porque el nivel de interacción es excesivo para una relación de servidumbre; ni (d) la “delegación”, porque no se confía en un árbitro neutral; ni (e)  el “compromiso”, porque se carece de una escala sobre la cual medir y llegar a un medio aceptable.

 

¿Entonces como se resuelve? Cuando comienza cada parte a descubrir los méritos de la postura opuesta “en su propio campo”. Cuando poco a poco ambas partes comienzan a ser “infiltrados” por quienes comprenden que “todos tenían algo de razón”.  Ese es el momento en que la discusión entre sordos da paso a la conversación entre gente que escucha. En que se comprende que no es cuestión de “si el otro no me entiende, debo gritar más fuerte”, pues sería como si, al entrar frío por la ventana abierta, aumentáramos la calefacción en lugar de cerrar la ventana. Se trata de “salir de la caja” (del planteo simplista), y usar la creatividad.

 

¡Qué bueno hubiera sido si hubiéramos aprendido esto en la escuela primaria! Si hoy hacemos algo al respecto, en 20 años tendremos mejores políticas, mejores políticos y mejores grupos empresarios.. Pero no descartemos el aprendizaje de adultos: aún no es demasiado tarde para intentar cambiar nuestra cultura. Al menos, hagámoslo ya desde la escuela.

 

 

Dr. Enrique G. Herrscher

Vicepresidente de ALAS, Asociación Latinoamericana de Sistémica

Ex Presidente, ISSS, International Society for the Systems Sciences

 


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