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DEPORTE PARA TODOS

 

Bajo el concepto de “Deporte para todos”, más allá de la importante noción de “sanidad social”, cabe destacar su relevancia como factor de fortalecimiento de la sociedad y, sobre todo, de “atractor” y motivador para la juventud.

 

Ubiquemos primero la problemática en general. La siguiente cita de “La Reinterpretación de la Sociología” de P. L. Berger y H. Kellner (Espasa Calpe, 1985, pag. 190) se refiere a toda la población, pero la relacionamos aquí especialmente con su segmento más joven: “…la modernidad…se ha experimentado como algo que exige costos muy grandes…Algunos de estos costos…son materiales y resultan de los desajustes que se producen sobre todo en los estadios primeros de la modernización. Otros costos son inmateriales pero no por ello menos perturbadores: la quiebra de las solidaridades tradicionales, la imposición de roles nuevos y pautas institucionales, la pérdida de verosimilitud de los antiguos valores y creencias. En el peor de los casos, estos costos sumergen a la persona en una situación de anomia, esto es, una situación de desarraigo, desorientación y de no sentirse ya a gusto en el mundo”.

 

Pese a estar escrito para el ámbito europeo y norteamericano, es innegable su aplicabilidad a gran parte de la juventud urbana latinoamericana en general y argentina en particular. También nos toca, aunque con connotaciones propias, lo que dice Fritjof Capra en “El Punto Crucial” (Troquel, 1992, pag. 21): “…nos hallamos en un estado de profunda crisis mundial. Se trata de una crisis compleja y multidimensional que afecta a todos los aspectos de nuestras vidas: la salud y el sustento, la calidad del medio ambiente y la relación con nuestros semejantes, la economía, la política y la tecnología. La crisis tiene dimensiones políticas, intelectuales, morales y espirituales”. No es de extrañar que nuestro país, y particularmente nuestra juventud, con índices de pobreza, indigencia y exclusión reponiéndose de recientes graves procesos de ruptura del tejido social pero aún altos, no sea ajeno a esta problemática.

 

En el extremo, hay – sobre todo en la juventud en las grandes ciudades – una “población en riesgo”: el riesgo de caer en la violencia, la droga, el delito o en la nefasta combinación de las tres. Si partimos, al menos hasta cierta edad,  de la premisa de que “los delincuentes juveniles se presume que deben ser tratados como menores necesitando ayuda y no como personas culpables requiriendo castigo”  (Dictionary of Sociology and Related Sciences, de H. Pratt Fairchild, Rowman & Allanheld, 1984, pag. 72), se advierte la crucial importancia que puede tener el deporte, más que nada para evitar y prevenir tales casos extremos.

 

 

El deporte como “válvula de escape” de energías propias de la edad temprana, como actividad convocante que llena horas vacías, y como ámbito de sociabilidad que enseña a niños y jóvenes la sana competencia, la convivencia y la resolución de conflictos sin violencia, va mucho más allá de la “situación extrema” del párrafo anterior. Hay aleccionadores ejemplos de casos en que, dentro o fuera del sistema educativo formal, la práctica de un deporte ha cambiado sustancialmente el “clima social” de un grupo de jóvenes violentos o descarriados o simplemente sin futuro a la vista.

 

 

Consideremos (país más, país menos; año más, año menos) que, como dice Bernardo Kliksberg en “Más Ética más Desarrollo” (Temas, 2004, pag. 85): “Más de un 20% de la población joven está desocupada, lo que significa una exclusión social severa al inicio mismo de su vida productiva. Ello va a tener todo tipo de impactos regresivos e incide sobre los índices de delincuencia juvenil”. O sea: hay una íntima relación entre, por una parte, la tasa de desocupación juvenil (mayormente el aciago problema del “primer trabajo” cuando la mayoría de los empleadores pide “experiencia”), producto de múltiples causas económicas, tecnológicas, culturales y en alto grado educativas, y, por otra parte, los “casos extremos” arriba consignados.

 

En ese sentido, el presente Proyecto aspira, entre otras cosas, a contribuir que se logre una meta, verdadera Política de Estado, que “facilite e induzca sin obligar”. Su formulación sería: en la medida que, tras todo esfuerzo que se haga para reducir la desocupación o subocupación juvenil, queden jóvenes sin poder trabajar ni estudiar estando en edad de hacerlo, cada uno de ellos tenga la posibilidad de convertirse en deportista amateur o, al menos, de dedicar buena parte de su tiempo al deporte.

 

Siendo el fútbol el deporte más emblemático y popular de nuestro país, dos citas de “El Fútbol a Sol y Sombra” de Eduardo Galeano (Catálogos, 1998) ayudarán a ilustrar el sentido que tiene, para este Proyecto, el deporte como parte de la formación integral de la persona, desde la experiencia actitudinal hasta lo emocional. (a) (pag. 66): “Durante sus años de arquero (en el equipo de fútbol de la Universidad de Argel) el escritor Albert Camus aprendió muchas cosas…Aprendió a ganar sin sentirse Dios y a perder sin sentirse basura, sabidurías difíciles, y aprendió algunos misterios del alma humana, en cuyos laberintos supo meterse después, en peligroso viaje, a lo largo de sus libros.” Y (b) (pag. 243):”Un periodista preguntó a la teóloga alemana Dorothee Sölle: ‘¿Cómo explicaría usted a un niño lo que es la felicidad?- No se lo  explicaría – respondió - Le tiraría una pelota para que jugara’”

 

Cada etapa: niñez, juventud, adolescencia, tiene sus particularidades y requerimientos, sus necesidades de actividad, de afecto, de modelos de conducta. Por ello es tan terrible el problema de “los chicos de la calle” (los que carecen de hogar) y “los chicos en la calle” (los que vagan o mendigan de día pero tienen donde dormir). Si bien la actividad física ciertamente no soluciona el problema, el “llenar la ciudad de canchas” (de fútbol o de otros deportes) sería un enorme paso. Pero no basta un terreno y un par de arcos: se necesitan profesionales que, además del deporte, sepan ubicarse en la problemática descripta. Que, en instituciones, colegios, clubes de barrio, gimnasios o grupos informales en simples potreros, sepan formar – no necesariamente grandes deportistas – pero sí jóvenes que encuentren sentido a la vida, aptos para desarrollarse en sociedad  y llegar a ser buenos ciudadanos. Éste es el espíritu – uno de ellos – con que el presente Proyecto encara el “Deporte para Todos”.

 

 

 

Enrique G. Herrscher

 


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